En la jungla verde, espesa y profunda, ya no hay más secretos, ni los habrá nunca.
Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, no se pierde una.
No deja escapar un solo detalle de lo que sucede en cada rincón.
Todo lo ve, de todo se entera Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas.
Así es como un día todos conocimos cómo una cebrita persiguió a un león:
el rey de la selva acabó agotado de tanto correr.
Tanto pilla pilla, zapatito inglés, ahora un escondite, ahora del revés.
El león entonces decidió parar:
y desde aquel día ya no se mueve, solo descansa,
y son las leonas las que salen a cazar.
Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, lo vio. Y nos lo contó.
Y también supimos cómo un cangrejillo, pequeño y rojito, salvó a un cocodrilo
muchos dientes, mucho genio, muchos kilos.
Pero el señor del Nilo se había atascado en un lodazal:
tanto reposo debajo del barro le había dejado sin movilidad.
Excavó el crustáceo durante días, con sus ocho patas y sus dos pincitas.
Lloró el cocodrilo lagrimones de emoción, y al pequeño cangrejo lo llevó siempre en su corazón.
Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, lo vio. Y nos lo contó.
Un día de lluvia salió a pasear bajo un gran paraguas un orangután.
Fue a recoger fruta para merendar, pero en su camino… ¡qué contrariedad!
Se enganchó el paraguas con una ramita y el gigante mono pegó un tropezón.
Pisó un hormiguero y sus habitantes no tuvieron ni pizca de compasión:
treparon por el simio, le mordisquearon, en su pelo rojo todas se enredaron.
Ahora cuando ve una hormiga el orangután , sale pitando, se pone como un flan.

Rafa la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, lo vio. Y nos lo contó.
Un elefante se balanceaba sobre su hamaca de lino azul.
Estaba tranquilo, la tarde acompañaba… era feliz haciendo el gandul.
Pero de repente, ¡menudo susto!: la mecedora se desgarró.
Unas arañitas muy tejedoras la deshilachaban con mucho primor.
Querían la tela más elegante, de buen lino, de buena calidad.
No le quedó otra al elefante: hoy duerme la siesta en el suelo, como los demás.
Rafa la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, lo vio. Y nos lo contó.
Deambulaban dos hienas de aquí para allá. Buscaban, sin éxito, algo que rapiñar.
No había antílopes, no había ñus. Solo unas moscas jugando al mus.
Reían nerviosas las carroñeras: no tenían nada dentro, no encontraban nada fuera.
Y de repente, un delicioso aroma: no muy lejos olía a barbacoa.
Se asomaron tímidas a la parrilla donde cuervos y alimoches asaban unas costillas.
Fueron muy amables, las invitaron. De aquel festín jamás se olvidaron.
Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, lo vio. Y nos lo contó.
La pantera fiera, de helada mirada, paseaba… bastante cabreada.
Su amigo el guepardo, veloz y voraz, la había dejado plantada.
Habían quedado para merendar debajo de un árbol después de cazar.
Pero el listillo se había largado con todo el botín a un lejano descampado.
Panteras, guepardos y demás felinos, cazan solitarios desde aquel día.
Son serios, tristones, no tienen amigos. Pero aseguran siempre su comida.
Rafa, la jirafa, lo vio. Y nos lo contó.
En la jungla verde, espesa y profunda, ya no hay más secretos, ni los habrá nunca.
Rafa, la jirafa, con su largo cuello y sus enormes gafas, no se pierde una.

