Es diciembre y toca hablar de Navidad. O, mucho mejor, de cuentos de Navidad. Tres historias que giran en torno a los misterios, la magia y los acontecimientos que solo pueden suceder en estas fechas. ¿Vamos a por ellas?
La primera de ellas es ‘El árbol de Navidad del señor Viladomat’, un clásico ilustrado de Robert Barry editado por Corimbo. Era verde y frondoso y era el árbol más inmenso que el señor Viladomat había visto nunca. Tan inmenso, tan alto, que…. ups, no le cabía en el salón. Así que le pidió a su mayordomo, Bartolo, que recortara la puntita: sí, ahora quedaba perfecto. Pero, ¿qué pasó con la puntita recortada? Pues que viajó y viajó por chimeneas, papeleras, madrigueras… Un recorrido fantástico, ingenioso y divertido a través de un árbol de Navidad (o de lo que quedaba de él) que nos muestra escenas de las fiestas tiernas y divertidas y que, una vez más, nos lleva a la conclusión de que con muy poquito se puede ser feliz.

Nuestra segunda historia nos lleva a descubrir un secreto. Porque todos sabemos que la Navidad está llena de secretos. En este caso viajamos hasta el número cinco de la plaza del Abeto, en el centro del pueblo de Cerroalto, donde el señor y la señora Rincón trabajan poner a punto su ferretería para las fiestas y, encima, los señores Mayor y sus cuatro insoportables hijas, que también decoran cuidadosamente su casa. Sin embargo este año algo parece que falla: solo faltan tres días para Navidad y el árbol de la plaza no está iluminado. ¿Quién es el responsable?
Pues resulta que los encargados de que el árbol de la plaza sea el más elegante de Cerroalto son los Silvestre, una familia de ratones que vive encima de los Rincón y de los Mayor y que este año han tenido un pequeño problemilla: una amenazante lechuza sobrevuela la plaza y no se atreven a salir a poner las bolas del árbol. ¿Y si se los come? ¿Y si no vuelven nunca?
‘El secreto de la Navidad’, de Oriol Canosa, nos introduce en las historias de varias familias -humanas y de animales- y en cómo viven estos días cada una de ellas. Con sus alegrías, sus penas, sus preocupaciones y sus secretos.
Y por último, un clásico entre los clásicos: ‘El cascanueces’, en una preciosa adaptación musical de la obra de E.T.A. Hoffmann editada por Bruño, con unas ilustraciones de ensueño realizadas por Jessica Courney-Tickle. Las aventuras de la pequeña Clara el día de Navidad después de que su padrino, el Tío Drosselmeyer, le regale un cascanueces de madera con forma de hombrecillo son más mágicas que nunca acompañadas por las melodías del ballet de Chaikovski con el mismo nombre -una adaptación musical del cuento realizada en 1892-.
La música, los colores vibrantes y sus delicadísimos dibujos convierten este álbum ilustrado, sin duda, en un imprescindible para la Navidad o para cualquier momento del año.


