Rodolfo en zapatillas

por | Dic 7, 2024 | Te cuento un cuento | 0 Comentarios

Era día 25, y qué nervios, ¡qué ilusión! Corrí a abrir mis regalos y ¡menudo sorpresón!

Allí estaba sentadito, viendo la televisión.Tranquilo, como si nada, en medio de mi salón.

El vasito estaba a medias, mordidas las zanahorias. Tirado en aquel sofá se le veía en la gloria.

Lo que había terminado era el plato del turrón. ¡Era goloso Rodolfo! Y comodón, sí señor.

 

Me quedé petrificado, no sabía qué decir. ¿Papá Noel dónde estaba? ¿Lo había dejado allí?

¿En qué idioma hablaba el reno? ¿Me lograría entender? Rodolfo ni se inmutaba, no me quería ni ver.

Me acerqué poquito a poco, entré con delicadeza. No quería yo causarle ningún dolor de cabeza.

“Buenos días señor reno, no quería molestarle, me sorprende su presencia, le hablo con toda franqueza.

 

En el sofá le hago hueco, la mantita se la presto. Si quiere más desayuno pongo pan y se lo tuesto.

Los regalos no me importan, otro año tendré más. Y si quiere con el mando puede cambiar de canal.

Pero sí le pediría, sin que se ofenda ni nada: ¿Me devuelve esas zapatillas que ha cogido prestadas?

Son viejas pero calientes, se me congelan los pies solo con los calcetines… ¡que me puedo matar, pues!”

 

Pero el reno me ignoraba y ningún caso me hacía, por un oído le entraba y por otro le salía.

“¿Será posible, Rodolfo? ¡Devuélveme mis pantuflas! A quien se le cuente esto pensará que es una chufla…”

Cavilé durante un rato y pensé cómo actuar, si no comprende mi idioma, ¿cómo me puedo expresar?

Una pequeña bombilla se me iluminó en la mente ¡Música! Siempre funciona y alegra mucho el ambiente.

 

Así que con cuidadito encendí los altavoces y conecté la emisora que creí más adecuada.

Por suerte por estas fechas la oferta no es muy variada y pronto empezó a sonar “Campana sobre campana”

Y Rodolfo reaccionó, y bailaba de alegría. Y saltaba y trotaba y sus cuernos meneaba.

Pero no había manera, no las quería soltar: Las zapatillas ¡ni loco!, ¡se las quería quedar!

 

Y así, entre todo el bullicio, sonó un ruido: ¡catapúm! al son de otro villancico que decía “fun, fun, fun”.

Traje rojo y barba blanca caían entre el hollín: Papá Noel, estresado, se nos unía al festín.

“¡Ay Rodolfo!, ¡qué alegría! Menudo susto me he dado. Con todo el berenjenal, te cambié por los regalos.

Me llevé estos paquetitos y los cargué en el trineo, Hasta que caí en la cuenta de que me faltaba ¡el reno!

 

¡Ay mi reno, mi Rodolfo, vámonos para Laponia! Ya hemos cumplido este año: dejé discos y colonias.

Calcetines, bicicletas, puzles, muñecas, tambores, libros, esquís, camisetas, y hasta algún ramo de flores”.

Les ofrecí un desayuno para reponer las fuerzas: café con leche caliente, cruasanes y galletas.

Los dos salieron contentos, despacito, por la puerta. Arrancaron el trineo y emprendieron su viaje de vuelta.

 

Cuando entré otra vez en casa me encontré un paquete nuevo: Deshice el lazo, rompí el papel: allí estaban, relucientes,

las zapatillas de piel. Calentitas y muy suaves, con borreguito por dentro: ¡Papá Noel sí que sabe! Ya no salgo

en todo el invierno.

 

© Blanca Saravia