Dice Tom Percival que uno de sus primero recuerdos de la niñez es el brillo de hielo en la estructura metálica de la cama en la caravana donde vivió durante seis años en la zona rural de South Shropshire, en Inglaterra. En torno a ese recuerdo y a otros muchos sobre su infancia -una infancia en la que, dice, «éramos pobres»- Percival creó en 2020 ‘Los invisibles’, un bellísimo álbum ilustrado editado en España por Andana Editorial en el que cuenta la vida de Isabel, una niña que debe mudarse a una parte triste y oscura de la ciudad.
Aunque Isabel es feliz con lo poco que tiene, con su familia y con su vieja casa llena de recuerdos -al igual que Percival, que, tal como cuenta, a pesar de no tener nada siempre tuvo abundancia de dos cosas: «amor y libros»-, el traslado forzoso de barrio cuando la situación económica se complica aún más, le hace sentirse triste… muy triste. Tan triste que siente cómo se va volviendo invisible: «bajó la mirada y se dio cuenta de que apenas podía verse sus propias manos… ni los pies».

Y, poco a poco, Isabel se va dando cuenta de que hay mucho gente que, como ella, también son invisibles. Nadie los ve, nadie los hace caso. Son los ignorados de la sociedad. Una fantástica visión de la pobreza, de la marginación, de esos ‘invisibles’ de los que estamos rodeados sin darnos cuenta y sin que queramos prestarles demasiada atención. Una alegoría de cómo cambiar el mundo con pequeños gestos, con acciones quizá insignificantes pero que pueden significar mucho para avanzar hacia un mundo mejor.
Tom Percival consigue, con una enorme dulzura e inmensa belleza, transmitir con ‘Los invisibles’ a los niños -diría que a los de cualquier edad, aunque quizá para entender un poco mejor el significado de lo que cuenta, a partir de 5 años- y a los adultos, cómo el mundo, en muchas ocasiones nos dice que no tenemos sitio en él. «Lo que he querido es oponerme a eso. Lo que he querido es decir: ‘Sí, claro que SÍ es tu sitio'».

